
Quizás no fue mi día, quizás me equivoqué...pero no me arrepiento. No me arrepiento de las palabras que solté y de las lágrimas que derramé, aunque por última vez. Está claro que no es la primera vez que me pasa, incluso ya resulta costumbre, pero como nada en la vida está claro, puedo arriesgar. Y no tendré miedo en el intento.
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