10.12.13

Entre sábanas

Se suele decir que el ser humano es débil en sus deseos. Que se les cae el mundo encima y que no pueden sobrellevar sus problemas. Que son la fuerza de lo impotente, la rabia de lo que se marchita, lo que se concede frío y se palpa insaciable... Pero, ¿quién puede afirmarlo con certeza? Si cada uno es dueño de lo que siente y lo que conforma su ser, ¿por qué la generalidad siempre nos hace débiles? El ser humano, tachado de contar con un ávido desconcierto e inseguridad, se enfrenta al reloj y hace de él un juguete, y me atrevo a decir que incluso lo ignora en ciertos aspectos de la vida. Porque, al ser la existencia un mero reflejo de lo que somos y vivimos, ¿qué valor tiene si la música no cuenta con todos los minutos posibles para que llegue al alma? ¿qué valor tiene si no contamos con aquellas personas más preciadas para perderlo, gastarlo, mimarlo, tener esperanza en él y en lo que puede ocasionar? La magia no se consigue en un determinado momento, no viene y va, no es algo temporal, casi indefinible en dicho espacio de tiempo... es algo permanente, es el conjunto de detalles que hace que la vida se convierta en un instante, un recuerdo, una fotografía, una sonrisa, una canción, el alma, los destellos, la lluvia, las caricias, los abrazos... todo lo que provoque en nosotros una especie de revolución, un cosquilleo constante, las ganas de probar y de ser infinitos. Nuestra ingenuidad se paga con meras promesas, nuestra ilusión, con tristeza. Pero, quién sabe si las casualidades se convierten en causalidades y nuestro orgullo se vuelve cenizas, nuestro egoísmo halago y nuestra torpeza, en vivaz sensación... Si somos realmente capaces de formar revoluciones con solo un abrazo, si somos los que podemos hacer felices a los demás con solo sonreír, si nos convertimos en seres que puedan -con un margen de error bastante pequeño- continuar en nuestros hallazgos y conocimientos, podremos realmente liberar lo que llevamos dentro, ser libertad, ser magia, ser tiempo, ser sonrisa, canción y desenfreno. Podremos gritar lo que sabemos al mundo y olvidarnos de las lágrimas derramadas. Convertirnos en evolución, en madura locura. Todo esto, para describir al ser humano. ¿Difícil, verdad? Complicado, del todo inseguro, incierto, en algunas ocasiones temeroso de lo desconocido, amante de pasiones y desentendido de amores; poderoso en su especialidad, grotesco en sus deficiencias, vicioso de instantes perfectos, harto de imperfecciones diarias, gigante en sus creaciones y estancado en sus propios pensamientos... Ante todo, remarcar que el servicio a los demás, por muy ínfimo que sea, es el principal motor de sus actuaciones: las enseñanzas, las canciones, el dedicar una sonrisa a cada persona que vea, el hablar de sueños, secretos e ilusiones personales, el intentar conseguir el propósito por el que levantarse cada mañana - aunque temprano - sea destacado, remarcado en cualquier página de periódico: existir con pasión, ser pasión y definirte solamente con la palabra vida. Por ello es por lo que nosotros nos calificamos como imposibles, como débiles... simplemente, somos tan complicados que una definición en sí misma, se quedaría realmente corta...